¡Qué cansada la vida del turista! Después de un estupendo y largo día por la ciudad de Budapest, el regreso al hotel se nos hizo de lo más largo, caminábamos y caminábamos y no llegábamos. Sí no hubiéramos gastado todos los Forintios, nos hubiera salido bien tomar el tranvía. Pero como ya andábamos sin pisto, no era opción.
Después de descansar un rato en un parquesito y pasar por
una iglesia que quedaba de camino, por fin llegamos al hotel, agotados. Pero como
el turista no tiene tiempo para descansar, nos alistamos, nos guapiamos (hice
lo mejor que un turista podía hacer para verse bien, en serio, lo juro) y nos fuimos a cenar a un lugar típico Hungría,
estaba en "Óbuda Hajógyár", una de las islas que hay en el Danubio.
Por fin llegamos, era una construcción vernácula de Hungría del siglo XIX, era enorme y medio viejo, en medio de un bosquesito muy denso. El lugar se llama "Szekér Csárda", por si quieren ir, recomendado. Un mesero gitano daba la bienvenida,
con una bebida típica húngara con más de 40% de volumen de alcohol hecha de
durazno, primero había que brindar diciendo "¡egészségedre!" que quiere decir salud, había que tomárselo atucún. Además de la bebida, nos daban un bollito dulce que nunca
supe de qué era. El lugar lo amenizaba un grupo musical gitano, Hungría está
llena de gitanos, abundan. Por un momento los músicos hicieron una pausa para
dar paso a un show fantástico, aunque se me hizo un poco largo porque tenía hambre, eran danzas típicas húngaras. Las famosas "Csárdás", de influencia romaní, o sea gitana.
Después de una espera larga pero entretenida, llegó la comida,
la entrada, era goulash, el plato típico más famoso de Hungría, es un caldo de
paprika con carne con paprika, ¿mucha paprika verdad? Pero estaba buensísimo. La
comida húngara tiene fama de ser muy condimentada. El plato fuerte tenía tres tipos de carne, más un envueltito y ensalada. Teníamos cuatro botellas de vino
para nosotros dos, y obvio las aprovechamos. La cena estuvo de lo más amena, el
show buenísimo, la música igual, pero lo mejor llegó después. Fue Budapest, de nuevo, me volvió a sorprender,
esta vez con su traje de noche, la Reina del Danubio brillaba a más no poder.
Goulash
Terminando la cena, más o menos a las 10:30 pm nos fuimos a
un pequeño embarcadero en el lado de Buda. Teníamos reservado un paseo por el Danubio. Durante estas vacaciones ya había disfrutado de un paseo por el Sena, los
canales de Amsterdam, el Rhin en
Alemania y el Moldava en Praga. Cada uno mejor que el otro.
El barco era de lo más romántico, y adivinen qué sonaba.
Pista, era un vals. No sé si adivinaron, pero cual otro podría haber sido. Estaba
en el Danubio escuchando el “Danubio Azul”, del compositor austriaco Johann
Strauss. En el barco nos esperaba una botella de champán. Qué buen ambiente verdad,
por fin el barco zarpó por la avenida más elegante de Budapest y pasé uno de
los mejores momentos de mis vacaciones y de mi vida en general.
Las imágenes dicen más que las palabras, esto fue lo que ví,
lo que me quitó el aliento y que tuve que soportar un maldito frío (3° centígrados)
para poder ver bien.
Todos edificios y puentes ya los había visto de día, pero de noche, eran otra cosa. Transformados totalmente, sus trajes de luces los hacían lucir todavía más impresionantes.
Cosas que hay que voltear a ver por más de cinco segundos durante tu paseo por el Danubio:
1. El Parlamento.
2. El Castillo sobre la colina.
3. La Iglesia de San Matías.
4. Basílica de San Esteban.
5. El Puente de Las Cadenas.
6. Puente verde de Margarita.
7. Puente blanco de Sissi.
8. Puente Széchenyi.
9. La Isla de Margarita.
10. Monumento a la Libertad.
11. Edificio Gellért.
12. Jaszai.
Entre otros.
Podrías haber puesto sólo las imágenes , hubiese bastado, hablan por ellas mismas, pero que mágico lugar de noche no? Parece otra ciudad, muy encantadora, para la muestra un botón "tu" que estas encantado totalmente...creo que tiemblan las piernas al ver esa majestuosidad de construcciones iluminadas, y no precisamente de frío...
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