sábado, 3 de noviembre de 2012

CZECH ME OUT!

PARTE 1.


Dicen que Praga es la París del este. ¡Pfff, bullshit! Eso es una gran mentira. La persona quién dijo espero esté quemándose en las llamas del Infierno, ¡por blasfemo! Praga es Praga. En todo caso yo diría que “París es la Praga del oeste”. Es más justo para ambas.


La verdad es que estoy un poco apenado con Praga, porque con las entradas anteriores me delaté, dije que Budapest se había quedado con el primer puesto, o al menos así pareció. La verdad es que hubo un empate técnico entre Praga y Budapest. Las dos ciudades imperiales, del Imperio de los Habsburgo, Praga, la capital del Reino de Bohemia, Budapest, del Reino de Hungría.

Praga, se desarrolló a la orilla del Río Moldava, su nombre, en checo “Praha” ni los historiadores ni yo coincidimos de dónde viene.  La versión de Kosmas, un erudito checo, es la más conocida y aceptada. Según él, una tal princesa checa, Libuše, les dio un consejo a sus queridos súbditos. Les dijo que el lugar más indicado para asentarse lo encontrarían allí donde un hombre pudiera labrar un umbral. Umbral en checo = práh, de ahí Praha. Es la capital de República Checa, un país relativamente joven, apenas 19 años de antigüedad,  los checos se separaron de los eslavos. De esa separación nacen Eslovaquia y la República Checa. El país lo conforman tres zonas principales, Bohemia, Silesia y Moravia. Pero su historia no es tan reciente, es fascinante además. Desde el siglo V a.C. cuando la zona la habitaban los boios (tribu celta), cuando formó parte de la Gran Moravia, cuando pasó a formar parte del Sacro Imperio Romano Germánico y como consecuencia, el nacimiento del Reino de Bohemia en 1212, a través de le Bula de Oro de Sicilia en el siglo XI y ser gobernado por la Casa de Luxemburgo (el más famoso de esa casa, el emperador Carlos IV), gobernados también por la familia real de Hungría, hasta llegar a los Habsburgo en el siglo XVI, específicamente en 1526, hasta 1918 (año que finaliza la Primera Guerra Mundial y el Imperio Austro-Húngaro desapareció del mapa europeo). Pero parece que todos los gobernantes de Bohemia siempre le vieron a Praga ese potencial, una ciudad que competía con las grandes urbes europeas como Florencia, París, Londres, Budapest, etc.










 Volviendo Praga, bueno, a mí en Praga, creo que cuando por fin se concretó mí viaje a Europa, Praga fue el primer lugar que salió en escena, el que más ganas tenía de conocer. Sólo hacía falta planificar el resto. Me encanta planificar, inventar un recorrido coherente por Europa, llegando a París, porque salía más barato, y buscar cómo desplazarme desde allí a las otras ciudades. Praga era la cuarta capital europea por visitar, después de París, Bruselas y Ámsterdam. Tenía que hacer la lista “Lugares a los que quiero y espero ir en Praga”, la verdad es que de Praga no era ¡fuck, me sé la ciudad de pe a pa!, todos somos ignorantes frente a una cultura que no es la nuestra, pero lo intenté,  CREÍA saber lo suficiente de la ciudad, y me sentía realmente emocionado porque la iba a conocer. Nótese que escribí en mayúscula “creía” porque estando en la ciudad me dí cuenta que no era tan cierto, uno nunca sabe lo suficiente. Para mi suerte, la verdad es que no sabía NADA de todo lo que hay saber, de todo lo que hay que aprender y conocer de Praga,  y digo suerte porque Praga me mantuvo sorprendido por tres días seguidos, más las horas del día siguiente que iba de camino a Budapest. Todo lo que ví y supe de la ciudad, más todas las preguntas que quedaron y todavía busco sus respuestas. Utilizo mi propio espacio para pedir perdón a la Coca-Cola Company, sucursal checa, cuando dije que qué fea era la Coca checa, porque no me fijé que había comprado una asquerosa Cherry Coke y no una normal. Perdón Coca Cola, en verdad lo siento. Fin del tema.
Como dato, algo que me hizo realmente feliz fue que la Coca en Praga costaba menos de un euro, en Viena costaban 4.50.









Ir a un país con una cultura tan diferente como la República Checa, hay que googlear qué comen, para ver qué iba a comer yo. Buscar el cambio de moneda para que no te estafen, ni seas tan papo de pagar con Euros porque te van a timar. Buscar los sitios más interesantes de la ciudad para aprovechar mejor el tiempo e ir a visitarlos. Buscar los sistemas de transporte, sus estaciones, tarifas y horarios. Revisar  el estado del tiempo, que francamente no me sirvió para nada, el primer día casi me muero de frío (venía de Nuremberg y ahí estaba haciendo un calor insoportable y yo andaba vestido para intentar soportar de la manera más glamorosa posible ese calor). El segundo día,  según el iPhone estaba a 29°, pero mi termómetro interno aseguraba que estaba a más, yo no fui a Europa a soportar calor, suficiente con el de Tegucigalpa, y el tercer y último día, estuvo igual que el primero, pero ahí ya iba prevenido. 
Lo malo, en Bélgica dejé tirado mi cuadernito de apuntes donde llevaba todo lo que necesitaba saber de Praga y demás ciudades, pero gracias a Palas Atenea, diosa de la sabiduría, tengo muy buena memoria y me acordé de varias cosas importantes. También pedí referencias sobre la ciudad a personas que ya la habían visitado, me asustaron un poco, algunos me dijeron que ni siquiera los habían dejado entrar al país, otros que los checos tenían todavía ese pasado comunista muy presente en sus mentes, que eran personas frías, mal educadas y amargadas. Estoy esperando el momento para desmentir a todas esas personas pajeras que me dijeron eso. Los checos en mí opinión fueron los más amables y educados de todos, al menos los praguenses, parecían en verdad estar comprometidos con el turismo, que el turista se llevara una buena impresión de su ciudad, menos el papo de la oficina de turismo que por su culpa nos perdimos cuatro horas por la ciudad, y como en “The Blair witch proyect” caminamos horas para llegar al mismo lugar de donde empezamos, la estación del metro, al final de la Plaza Wenceslao. Lo único que aun no pueden superar es la burocracia estilo comunista, maldita burocracia, en el hotel nos hicieron llenar una hoja que teníamos que poner hasta lo que no les incumbía saber. En fin, algo insignificante para todo lo que es la ciudad.


En nuestro primer día por la ciudad, algo que me llamó la atención fueron sus esculturas, eran negras como Balotelli, mentira, no tanto, digamos que como Naomi Campbell, al principio pensé que la piedra era negra, pero cuando por fin me pude acercar a una y mirarla más detalladamente, me di cuenta que no eran negras, sino que estaban negras, incluso algunas hasta enmohecidas. Pero ¿por qué? Me dí la tarea de investigar y resulta que en Bohemia no hay mármol, por eso todas las esculturas están hechas de piedra caliza, y se ponen negras. Les debería de recomendar el sellador para piedra que usé en el enchape que recién puse en el patio de mi casa, ¡cero moho! Honestamente las esculturas no se ven mal, al contrario. Los checos la falta de mármol la compensan con cristal. El cristal de Bohemia es de los más famosos del mundo, quién no conoce los cristales Swarovski, la casa matriz está en Viena, pero nació en Praga.



Todo empezó en la “Ciudad Vieja” específicamente donde era el Ghetto Judío, desde el siglo XIII tenía un espacio limitado dentro de la ciudad, la zona desapareció como tal a finales del siglo XIX pero se conservaron lugares importantes como la Sinagoga, la  más antigua de Centroeuropa y el interesantísimo cementerio judío, que funcionó desde el siglo XV hasta el XVIII, hay más de 20 mil tumbas. Algo muy llamativo en él, es que las tumbas estaban a varios metros sobre el nivel de la calle, pues resulta que este cementerio tiene once estratos de capas, para aprovechar al máximo el espacio que era algo reducido. En el siglo XIX, la ciudad sufrió muchos cambios de carácter urbano, y exactamente donde era el Ghetto judío, se construyó la calle “París”, y después se quejan que los comparan, pero quién los manda de chepiones. En esta calle utilizaron las normas urbanas de París, o sea el “Metroplan parisino”, entre las más notorias eran la uniformidad de las fachadas, la altura, si no me equivoco, no más de 43 metros de alto, forma de las cubiertas, diseño de los balcones de las casas, ancho de las calles y el  corte de los árboles. Lastimosamente nuestra visita en Praga coincidió con las fiestas judías y no pudimos entrar ni a la Sinagoga, ni el Cementerio ni a ningún otro lado.






Caminando por la acera, noté que frente a las puertas de varios edificios, había unas plaquitas de bronce, que fueron colocadas en memoria de los judíos que habitaban esos edificios y murieron durante la Segunda Guerra Mundial.


Antes que se me olvide, acá también hay un museo judío, que como en todos los demás lados donde viven judíos, todos son muy arraigados a su cultura, historia y tradiciones, y en Praga desde el siglo XIX ya tenían un museo. A don Adolfo, Hitler, le pareció una gran idea tener un museo judío como el de Praga, pero en su imperio de los mil años iba a tener una función distinta, iba a ser el “museo de la raza extinta”, qué hijo de pé...

Del barrio judío, seguimos nuestro recorrido al lugar más emblemático de la ciudad, la majestuosa, llena de vida y extremadamente bella Plaza de la Ciudad Vieja, pero antes nos dimos una pasadita por la casa donde nació el autor de "La metamorfosis", Franz Kafka.


Desde el Medievo, Praga ya era muy cosmopolita, llena de comerciantes de todas partes del mundo conocido hasta ese entonces, llena de alquimistas, astrónomos, científicos, artistas, etc. Y todos se daban cita en la Plaza de la Ciudad Vieja. En los edificios que la rodean, se puede apreciar varios estilos arquitectónicos, que dan a la plaza ese ambiente único. Pasé diciendo ¡guatafoc qué bonito aquí, me voy a mudar a Praga! puro oligarca. En la plaza,  lo primero que ves, es el Monumento al sacerdote Jan Hus, precursor de reformas protestantes en el siglo XIV y por eso la Iglesia declaró hereje y lo quemó en la hoguera. Pobre, él era un iluminado. El conjunto escultórico en si impresiona.


 Frente a la estatua, hay un edificio estilo Rococó, rosadito pero muy sexy, es un Palacio del siglo XVIII, el Golz Kinsky, construido por el Conde Golz, que actualmente funciona la Galería Nacional checa. 



A lado, uno de los edificios medievales más antiguos, La Casa de la Campana de Piedra, es una casa estilo gótico del siglo XIII, dicen que la mandó a hacer la hija del rey Wenceslao II, Isabel.


El más imponente de todos los edificios es la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, construida en la época del gran emperador Carlos IV, me atrevo a decir que es gótico, por la época en que se construyó y porqué ví algunos elementos propios del estilo (espero el arq. Díaz nunca lea esto). Cambié de opinión, es ecléctico, sí, ecléctico. 



La más interesante podría decir es la Casa Storch, con esos frescos fantásticos de Mikoláš Aleš en la fachada de la casa.


 Y el más famoso de todos los monumentos de la Ciudad Vieja, el Reloj Astronómico, está situado en el edificio del Ayuntamiento, con una torre gótica de aproximadamente 70 metros de alto, donde está el reloj. Este fascinante y surreal objeto, data del siglo XV, es el tercer reloj de este tipo más antiguo del mundo. La verdad yo no le entendí mucho. Tiene varias manecillas, unas indican la hora, otras tiempos astronómicos. En sus ventanitas superiores salen los doce apóstoles, tiene cuatro figuritas que representan los males de la sociedad medieval, es decir, la vanidad, la avaricia, la muerte y la lujuria. Lo más llamativo del reloj es el disco calendario, que tampoco le entendí mucho, sólo sé que muestra los meses calendario representadas por escenas de trabajo rural, los signos del zodiaco y en el centro el escudo de Praga. A lado del ayuntamiento hay otra fachada muy interesante también con frescos, la casa U Minuty.





 Algo que me pareció interesantísimo de la ciudad, es que desde el Medievo las casas no se identificaban por número como se hacía en la mayoría de las ciudades, sino con un escudo.







De la plaza de la ciudad vieja, nos dirigimos al este, en dirección al Moldava, para hacer una parada en el puente más famoso y espectacular de la ciudad, el Puente de Carlos, de más de quinientos metros de largo y diez de ancho, y más de treinta esculturas. Dicen que el mismo emperador lo diseñó, inspirado en el “Puente Sant’ Angelo” de Roma, mandado a construir por el emperador Adriano en siglo I. En el puente esta la fecha y la hora exacta en que se colocó la primera piedra, y fue el emperador el que la puso. Fue en el año 1357, el 15 de julio a las 5:31 horas. Este puente conectaba la ciudad vieja con el barrio pequeño, que estaba en las faldas de la colina donde se levanta el castillo, ahí residía la nobleza, por eso tenía que ser un puente digno de quienes lo cruzarían.





Tanto caminar y aprender da hambre, sobre todo caminar. Ya era mediodía y había que buscar dónde comer algo típico checo, pero tenía que ser en el interior de un restaurante porque en las mesas que están en las plazas todo cuesta el doble que adentro. ¡Qué vivos! Como saben lo espectaculares que son sus plazas se aprovechan para sacarles más pisto a los pobres turistas. Les recomiendo un restaurante en la Plaza de la Ciudad Vieja se llama "Staromestská restaurance", y pidan un solomillo estilo Karlovy Vary o pato checo, buenísimos los dos. La cerveza también es muy buena, por cierto la cerveza nació en Bohemia, no Alemania como todos creen (creíamos).

Punto #1
Praga es para los románticos, para los soñadores, para los alegres y los melancólicos, para los historiadores, para los arquitectos, para las microbiólogas (verdad mamá), para los snobs, para los artistas, para los hippies, para los bohemios, ¡duh! es Bohemia,  y también para mí. Debe haber sido divertido ver a un hondureñito “cuatrojos” viendo con la boca abierta el  Reloj Astronómico cuando cambió de hora. Praga es para ir mil y una veces y si es posible unas cuantas más. Sólo hay que llegar y dejarse llevar. I *heart* Praha. 


 Punto #2
No han pasado ni veinticinco años que cayó el comunismo en Europa Central, y en este tiempo Praga ha hecho milagros, hace que todo brille de nuevo, que todo luzca más dorado que las piedras de sus fachadas. Donde la cultura es cultura y está al alcance de todos. Praga recuperó sus tradiciones, sus festejos, asumió un rol de ciudad de vanguardia, le apostó al turismo, al desarrollo, al arte en general. De las 11 ciudades europeas que visité, Praga es la que ví que ofrecía la mayor oferta cultural de todas, incluidas París y Viena. Sorprendente verdad, y más sorprendente aún que a un costo muchísimo más bajo, arte para todos, hasta para los pobres. Ví miles de anuncios de conciertos, obras de teatro, músicos y actores callejeros. ¡Praga es cool! 



Punto #3
La comida checa es riquísima, así que coman bastante y si el destino quiere que te perdás, perdete, pero no con el estómago vacío. Sobre todo si te perdés por la parte del río, el paisaje es casi sobrenatural así que se disfruta muchísimo.


Punto #4
Si sos arquitecto y si no lo sos pero disfrutás de la arquitectura llegaste al lugar adecuado. En Praga la arquitectura tenía algo en particular, diferente al resto de las ciudades que visité. En la ciudad podés admirar estilos que van desde el gótico hasta el neo expresionismo. La mezcla de todos los estilos en un mismo punto es notoria, verdad Plaza Wenceslao, pero extremadamente agradable, ver un edificio de Gehry a lado de una construcción barroca y lo bien que se adaptan uno con el otro.  







Continuará... 
lo mejor de Praga está por venir